Después de escribir el post anterior, me quedé pensando en algo más.
Porque una cosa es poder ponerle palabras,
entender lo que me pasa,
ver los patrones…
y otra muy distinta es vivirlo en el día a día.
Porque sí, ahora lo veo más claro.
Sé que me cuesta sostener lo bueno.
Sé que aparece la ansiedad.
Sé que empiezo a dudar.
Pero saberlo… no hace que deje de pasar.
Hace unos días, por ejemplo, tuve terapia.
Y hablamos de algo que me incomoda decir en voz alta:
muchas veces, cuando soy feliz…
una parte de mí quiere salir corriendo.
Y no es algo lógico.
No es que pase algo malo.
No es que haya una razón clara.
Simplemente aparece ese impulso.
Y lo más frustrante es que muchas veces ya sé la respuesta.
Sé lo que tengo que hacer.
Sé que no tengo que tomar decisiones desde ese lugar.
Sé que tengo que darme espacio.
Pero aún así… me cuesta.
Y eso da vergüenza.
Porque es como sentir que “ya debería tener esto resuelto”.
Que después de tanto tiempo en terapia, de tanto trabajo interno…
ya no debería estar en esto.
Pero la realidad es que sí.
Todavía me pasa.
Ayer estuve a punto de tomar una decisión importante desde ese lugar.
Desde la ansiedad.
Desde el miedo.
Y por dicha logré detenerme y hablarlo antes.
Pero el impulso estuvo ahí.
Y eso es lo que pesa.
También salió algo que me dejó pensando bastante.
El tema del ego.
Y cómo, en el fondo, hay una necesidad de validación.
Como si necesitara que alguien más me confirme que estoy bien,
que lo estoy haciendo bien,
que puedo confiar en lo que siento.
Y al final… todo eso vuelve al mismo lugar:
autoestima.
Y hay algo más que me cuesta admitir.
Tengo un libro que me recomendó la psicóloga.
Sobre autoestima.
Y lo tengo ahí, guardado.
No lo he querido tocar.
Y siendo honesta… creo que es miedo.
Miedo a verme reflejada.
Miedo a darme cuenta de que todavía hay mucho que trabajar.
Y todo esto, sumado al proceso de salud física en el que estoy…
se siente abrumador.
Siento que hay demasiadas cosas sobre la mesa.
Demasiados frentes abiertos.
Y a veces no sé por dónde empezar.
Pero también sé algo.
Así como el sueño es una base para todo lo demás…
esto también lo es.
No puedo pretender cambiar hábitos, sentirme mejor físicamente,
tener más energía…
si no trabajo esto también.
Entonces sí.
Aunque me cueste.
Aunque me dé vergüenza.
Aunque a veces quiera evitarlo…
tengo que seguir ahí.
Seguir yendo a terapia.
Seguir hablando de estas cosas.
Seguir tratando de entender de dónde viene todo esto.
No tengo todo claro.
Y tampoco siento que esto vaya a ser rápido.
Pero tal vez no se trata de tenerlo resuelto.
Tal vez, por ahora, se trata solo de esto:
de no salir corriendo.
Deja un comentario