Hay algo que he estado notando últimamente, y me ha costado admitirlo incluso conmigo misma.

Cuando las cosas van bien…
me cuesta sostenerlo.

Me cuesta quedarme ahí.

Y suena raro decirlo así, porque uno pensaría que cuando todo está bien, simplemente lo disfruta y ya. Pero en mi caso no siempre es tan sencillo.

Es como si una parte de mí no terminara de confiar en ese estado.
Como si en cualquier momento algo fuera a cambiar… o algo no estuviera del todo bien.

Y entonces empiezo.

Empiezo a dudar, a cuestionar, a sobrepensar cosas que tal vez no necesitaban ser cuestionadas.

Y no siempre se ve tan evidente.

No es necesariamente que dejo de hacer algo bien de un día para otro, o que tomo decisiones drásticas.

A veces es más sutil.

Es ansiedad.
Es miedo.
Es esa vocecita que empieza a incomodar.

Y aunque hoy en día siento que logro identificarlo mejor que antes —y eso es algo que definitivamente le agradezco mucho al proceso terapéutico—, no significa que deje de ser difícil.

Sigo sintiendo ese impulso.
Sigo sintiendo ese ruido.

Y hay algo más que me ha costado aceptar:

a veces me cuesta aceptar que estoy bien.

Que puedo estar bien.

Y eso me parece curioso.
Porque uno pensaría que ese debería ser el objetivo.

Pero no siempre se siente así.

Y ahí es donde empiezo a ver el tema del autosabotaje desde otro lugar.

No solo como dejar de hacer ejercicio o romper una rutina.

Sino como algo más interno.

Como cuestionar lo bueno.
Como no confiar en lo que sí está funcionando.
Como dejar que el miedo o la ansiedad tomen más espacio del que deberían.

Y creo que todo esto también conecta con algo más profundo.

Con la autoestima.
Con la necesidad de validación.
Con la forma en la que me hablo a mí misma.

Son temas que sé que no se resuelven de un día para otro.

Y tampoco siento que este sea el momento de tener todas las respuestas.

Pero sí siento que es un buen momento para empezar a mirarlo con más intención.

Para no seguirlo dejando debajo de la alfombra.

Para seguir llevándolo a terapia, aunque a veces dé vergüenza decir ciertas cosas en voz alta.

Porque al final, ahí es donde más se aprende.

Y también me doy cuenta de algo importante.

Así como estoy intentando trabajar en mis hábitos de sueño, en mi salud física, en entender mi cuerpo…

esto también forma parte del proceso.

No puedo separar una cosa de la otra.

Mi salud mental es igual de importante.

Y si realmente quiero hacer cambios en otras áreas de mi vida —como el sueño, la alimentación o el ejercicio—, también tengo que trabajar aquí.

No perfecto.
No de golpe.

Pero sí con intención.

Supongo que, al final, esto también es parte de aprender a conocerme mejor.

Y poco a poco…
ir soltando esas partes que ya no me sirven,
para poder construir algo más estable.

Deja un comentario