Creo que ya era momento de hablar de este tema, porque honestamente ha sido una de las partes más sensibles de todo este proceso de salud.

Y cuando digo sensible… lo digo de verdad.

Porque quien me conoce sabe que mi relación con la comida nunca ha sido simple.

Y creo que hasta ahorita estoy empezando a entender cuánto de eso no tiene que ver solamente con “comer bien” o “comer mal”.

Hace unas semanas tuve una cita con la nutricionista y debo decir que salí bastante sorprendida.

No necesariamente por los resultados, porque algunos ya me los esperaba un poco, sino por el enfoque.

Y honestamente me gustó mucho.

Porque fue muy diferente a otros acercamientos que he tenido anteriormente con nutricionistas.

Y creo que eso es importante decirlo.

El tema de las porciones, las calorías, pesar comida, medir absolutamente todo… al menos para mí, siempre ha sido un tema complicado.

No digo que esté mal.
Simplemente creo que a mí personalmente me genera ansiedad.

Y creo que por eso muchas veces terminaba abandonando procesos o sintiéndome peor conmigo misma.

Porque sí.

Tengo que admitirlo.

Soy una persona muy antojada.
Muy comelona.
Y también tengo una relación emocional con la comida muchísimo más fuerte de lo que me gustaría aceptar.

La comida para mí es confort.

Es a donde voy cuando estoy triste.
Cuando estoy feliz.
Cuando estoy ansiosa.
Cuando estoy aburrida.
Cuando me siento rara.

Y aunque me gustaría decir que todo esto es solamente un tema de “salud” y ya… tampoco quiero ser ingenua.

Claro que mi apariencia física y mi peso me importan.

Por más que quiera enfocarme principalmente en salud, tampoco puedo fingir que vivo completamente desligada de cómo me veo o de cómo me siento con mi cuerpo.

Y creo que justamente ahí es donde este proceso se vuelve más complejo emocionalmente.

Pero bueno.

Esta vez decidí intentarlo distinto.

Y honestamente tengo mucha fe de que este approach puede funcionar mejor para mí.

Lo primero que descubrimos, basado en los exámenes, es que la mucosa protectora de mi intestino está muy dañada.

Y antes de continuar quiero aclarar algo importante:

yo claramente no soy doctora ni experta en estos temas, así que probablemente no estoy usando todos los términos correctos 😂 pero estoy tratando de explicar lo que entendí de la mejor forma posible.

La idea general es que esa barrera protectora prácticamente necesita repararse.

Y para eso, primero hay que eliminar o disminuir las cosas que podrían estar afectándola constantemente.

Y dentro de los resultados también salió algo importante:

soy intolerante al gluten.

No celíaca.
No alérgica.

Pero sí intolerante.

Y aparentemente eso podría estar afectando muchísimo más de lo que yo pensaba.

Entonces el primer enfoque ahorita es ayudarle al cuerpo a regenerar esa mucosa.

Y para eso me recomendaron eliminar o disminuir varias cosas:

gluten,
caseína,
lactosa,
carnes rojas,
cafeína.

Desayuno delicioso (pero incluí queso 🥲)

Y además incorporar alimentos que puedan ayudar al proceso de reparación, como por ejemplo caldo de hueso.

El segundo punto importante fue darle descanso al sistema digestivo.

Y honestamente esto me pareció súper interesante.

La idea no es pasar hambre.

Eso me lo dejaron clarísimo.

Si tengo hambre real… tengo que comer.

Pero sí empezar a cuestionarme algo que nunca me había detenido realmente a pensar:

¿qué tipo de hambre tengo?

Y eso me dejó pensando muchísimo.

Porque muchas veces no como porque mi cuerpo realmente necesite comida.

Como porque estoy ansiosa.
Porque estoy aburrida.
Porque estoy estresada.
Porque quiero sentir confort.

Y darme cuenta de eso fue fuerte.

Entonces el enfoque ahorita es tratar de reducir meriendas innecesarias y darle más tiempo de descanso al sistema digestivo.

No desde restricción extrema.

Sino desde conciencia.

El tercer punto fue probablemente uno de los más básicos… y al mismo tiempo uno de los más difíciles para mí:

la velocidad con la que como.

Yo como rapidísimo.

Siempre lo he hecho.

Y honestamente nunca pensé demasiado en eso hasta ahora.

Pero tiene muchísimo sentido.

Necesito aprender a comer despacio.
A masticar.
A dejar que el cuerpo haga su trabajo.

Y suena demasiado básico cuando uno lo dice en voz alta.

Como… “obviamente hay que masticar bien”.

Pero realmente me di cuenta de que muchas veces ni siquiera estoy presente cuando estoy comiendo.

Simplemente como en automático.

Frente a una pantalla.
Trabajando.
Pensando en otra cosa.
Corriendo.

Y eso también termina afectando muchísimo la digestión.

Entonces parte de este proceso también es aprender a tomarme el tiempo para alimentarme.

Y eso, honestamente, se siente mucho más profundo de lo que parece.

Y el cuarto punto importante fue aumentar muchísimo más la ingesta de vegetales y ensaladas.

La idea es que gran parte del plato venga de ahí.

Y honestamente, aunque todo esto suena bastante diferente a otros procesos que he intentado antes… creo que justamente por eso me está funcionando mejor mentalmente.

Porque no se siente como castigo.

No se siente como:
“tenés que bajar de peso”.

Se siente más como:
“tu cuerpo necesita ayuda”.

Y eso cambia muchísimo la forma en la que yo misma me hablo durante el proceso.

No sé todavía cómo va a evolucionar todo esto.

No sé qué cambios va a hacer la nutricionista más adelante.
No sé si el approach va a cambiar.
No sé cómo van a salir los próximos exámenes.

Porque claramente esto no se arregla en dos semanas.

Hay que darle tiempo al cuerpo.

Y justamente por eso tengo otra cita dentro de varias semanas para volver a revisar resultados y ver si realmente vamos por buen camino.

Pero sí puedo decir algo:

por primera vez siento que estoy entendiendo mi cuerpo desde otro lugar.

Y honestamente, tener datos concretos me ayudó muchísimo.

Sí, hacerse todos esos exámenes fue una inversión grande.

No es barato.

Pero ver los resultados con mis propios ojos hizo que dejara de sentir que estaba “adivinando” qué me pasaba.

Y eso me ayudó muchísimo a tomar este proceso más en serio.

Porque ya no se siente abstracto.

Ahora veo cosas concretas que mi cuerpo necesita trabajar y reparar.

Y eso me motiva muchísimo más.

Sé que al final del día mucho depende de mí.

De mi constancia.
De mis hábitos.
De las decisiones que tome todos los días.

Pero por primera vez en mucho tiempo siento que estoy encaminada.

No perfecta.
No con todo resuelto.

Pero encaminada.

Y honestamente… eso ya se siente como un avance enorme. 

Deja un comentario