Creo que estoy en una especie de encrucijada.
Después de tanto tiempo sintiendo cosas sin entenderlas del todo, poco a poco empiezo a tener respuestas. Y dentro de todo, muchas cosas salieron bien en los exámenes, por dicha. Pero hay otras a las que definitivamente tengo que prestar atención.
Y eso cambia todo.

Porque ya no estoy en el punto de “no sé qué está pasando”.
Ahora estoy en el punto de “ya sé… y tengo que hacer algo al respecto”.
Y ahí es donde se pone difícil.
Por un lado, hay una parte de mí que se siente aliviada.
Necesitaba ponerle nombre a lo que estaba sintiendo. Necesitaba dejar de cuestionarme si estaba exagerando o si todo estaba en mi cabeza.
Pero por otro lado… saber también pesa.
Porque en el momento en que entiendo qué está pasando, se me acaba la excusa de la ignorancia. Ya no puedo decir “no sabía”. Ya no puedo seguir ignorándolo de la misma forma.
Y eso implica responsabilidad.
Implica cambios.
Implica disciplina.
Implica hacer cosas que sé que tengo que hacer… incluso cuando no tenga ganas.
Y suena tan lógico cuando uno lo dice así.
Suena tan obvio.
Entonces, ¿por qué cuesta tanto?
¿Por qué, incluso sabiendo que nuestra salud está en juego, nos cuesta tanto cambiar?
¿Por qué nos cuesta tanto cuidarnos?
No creo que sea solo yo. Lo veo en otras personas también.
Y aun así… cuando lo vivo en mí, me frustra.
Porque una parte de mí siente que esto debería ser fácil.
Que debería ser automático.
Que debería tener la disciplina suficiente para simplemente hacerlo.
Pero la realidad es otra.
La mente no funciona así.
Y aunque hay personas a las que tal vez se les hace más sencillo, a mí… me está costando.
Y creo que por eso también quiero documentar este proceso.
Porque esto no es solo hacer cambios.
Es entender por qué me cuesta hacerlos.
Es cuestionarme lo que pienso, lo que siento, lo que hago…
y empezar a conectar eso con mi cuerpo, con mi salud, con mi bienestar.
Porque al final del día, no se trata solo de saber qué tengo que hacer.
Se trata de llegar a ese punto donde realmente me la creo.
Donde siento que me merezco sentirme bien.
Donde dejo de normalizar sentirme mal todo el tiempo.
La próxima semana tengo cita con la doctora para revisar los resultados.
Y más adelante, cuando tenga todo el tema digestivo completo, tocará profundizar aún más.
Pero más allá de todo eso…
Siento que este es el momento.

El punto donde puedo seguir como estoy…
o empezar a hacer cambios de verdad.
No perfectos.
No de golpe.
Pero reales.
Aunque todavía me dé miedo.
Deja un comentario