
Debo admitir que desde que escribí el último fragmento, no he vuelto a escribir más… en ninguna parte, a pesar de que yo sé lo saludable que es sacar los pensamientos de mi cabeza. Pero aquí estoy, literalmente drogándome con televisión o redes sociales, justamente para no pensar… para no sentir. Definitivamente, es una droga que me preocupa… pero a la vez me pregunto… ¿A caso que uno ha sido entrenado alguna vez en su vida para lidiar con este tipo de situaciones? No sé ustedes, pero al menos yo no.
No obstante, si hay algo que sí sé, este “mecanismo de defensa” o más bien evasión/negación de mi realidad no es algo nuevo para mí. La verdad es que admito que me suelo utilizarlo cuando debo tomar una decisión importante o cuando me siento al borde del burnout. Es mi cerebro simplemente suplicando por una pausa, y lastimosamente llego yo y en lugar de pausar a procesar lo que me está sucediendo… vengo y lo lleno de más información, por lo general inútil, para entretenerlo y tratar de prolongar lo inevitable… pensar y sentir.
Así que esa es la razón por la que estoy aquí en este momento, forzándome a romper ese ciclo, ese mal hábito y dejarme sentir. Es curioso pensar, que en mi última sesión de coaching sobre liderazgo en el trabajo (justo antes de mi incapacidad), el coach me dijo que una cualidad que veía en mí es la vulnerabilidad. Mi capacidad de poder abrirme, expresarme y exponerme ante los demás con transparencia sobre mis experiencias y mis emociones, sin una intención de ser vista como víctima, sino como una persona que busca aprender, crecer y ser mejor cada día. Sin embargo, siento que estas últimas 4 semanas he sido completamente lo opuesto. Desde que recibí la noticia, hace un mes exacto, he llorado contadas veces… ha sido una lucha entre dejar fluir mis emociones y a la vez poner muros para sentirme optimista. La verdad es que a veces no entiendo como me siento, y hay días que siento todas las emociones, y se vuelve abrumador.
Lo que sí considero es que este proceso es normal, sentir y no sentir todas esas emociones es de esperarse. Debo de tener paciencia y compasión de mí misma. Y justo aquí entra un pensamiento intrusivo… ¡Crystal…, deje de hacerse la víctima! Y creo que es ahí el conflicto en el que he estado recientemente. Pero justo recordé una frase de la autora Brené Brown que dice: “Vulnerability is not weakness; it’s our greatest measure of courage” y hasta se me ponen los ojos llorosos de solo leerla; una frase sumamente poderosa que me llena de mucha ilusión e inspiración. Considero que como sociedad (al menos desde mi limitada experiencia/vivencia) hemos crecido pensando que ser vulnerables es un sinónimo de ser débiles. Por ende, crecemos y muchas veces el mecanismo más fácil para no mostrarnos vulnerables es reprimir nuestros pensamientos y nuestras emociones. Siempre queremos mostrar esa cara de fuertes y confiados antes el mundo; llegamos y abrimos las redes sociales y eso es lo que uno ve… personas con vidas casi perfectas. Pocas veces alguien quiere mostrar lo negativo, las caídas, los fracasos… y sinceramente me duele pensar el daño que todo esto causa a nuestra salud mental, especialmente a de todas aquellas personas jóvenes que están crecieron con esto y se comparan con otros bajo parámetros de “éxito” distorsionados. Y también me declaro culpable; culpable, tanto de aparentar, como también, de compararme… y me llena de tristeza.
Pero es justo aquí donde me doy cuenta de que es donde puedo decidir entre ser víctima o ser vulnerable. Siento que hay un enorme valor en ser vulnerables, no solo por el hecho de ser fiel a mí misma y de aceptar y abrazar mis emociones, sino también, de mostrar a los demás quien es uno, y que está bien sentir… que es normal no tener que sentirnos genial o positivos todos los días de nuestras de vidas, es normal que tener malos días, o días donde simplemente no nos sentimos motivados… porque sabe qué: somos humanos. Y lograr sentir esa libertad de mostrarnos como somos es un gran acto de coraje. Sin embargo, considero que no basta con solo eso… como seres humanos tenemos la capacidad de decidir como reaccionar ante lo que nos pasa y para mí, justamente en este punto, es donde tenemos el poder de tomar todo esto que nos pasa (positivo y negativo) … Sentirlo, procesarlo y convertirlo en algo que nos aporte a nuestras vidas. Porque en el momento en que nos quedamos estancados solamente en todo lo malo que nos pasa, es ahí cuando nos convertimos en las víctimas de nuestras vidas.
Estoy totalmente consciente de que decirlo es más fácil que hacerlo; y que, además, todas las personas son diferentes y cada una tiene su propia historia y pasa por sus propios sucesos a su respectivo tiempo, y así es como es y es de entender y respetar. Y esto es justamente lo que me estoy diciendo a mí misma en este proceso… debo ser fiel a mí misma, dejarme sentir más, tener compasión de mí misma, aprovechar para conocerme mejor; y al final del día, aprender todo lo que esta enfermedad me puede llegar a enseñar. Estoy completamente segura de que voy a resultar una mejor persona que aquella a la que le dieron la noticia el 29 de febrero.
Deja un comentario