En las últimas semanas han aparecido personas en mi vida que jamás vi venir, pero que siento que llegaron a llenarme de mucha luz en momentos donde otras veces quizá hubiera visto solo oscuridad. Y una de ellas me hizo una pregunta que me dejó dándole vueltas a la cabeza: una pregunta tan básica, pero tan elemental.
¿Quién soy yo? ¿Quién es Crystal?
Uf. Hasta me intimida un poco la pregunta. Yo sé que dentro de mí me la he hecho millones de veces, pero realmente nunca me he sentado a tratar de ponerlo en palabras. Y claro, podría decir que soy una persona esforzada, inteligente, analítica, perseverante, resiliente, responsable, tranquila, empática, amable, considerada, respetuosa, comprometida, ambiciosa… pero, sobre todo, creo que soy una persona muy, muy sensible.
Justamente hoy, hablando con una de esas personitas, surgía el tema de la sensibilidad. Y fue un momento de esos en donde sentís que algo dentro de vos hace clic, porque toda la vida he sabido que soy sensible. Desde pequeñita, cualquier cosa que me generara malestar me hacía llorar. Inclusive cuando siento enojo o ira, lo primero que hago es llorar. Me conmueven las películas, las noticias, las injusticias… y hay temas que me duelen tanto que me veo obligada a poner una barrera para no desbordarme.
Pero esta persona me hizo pensar algo que nunca había contemplado: que quizá esa sensibilidad tan profunda ha sido la fuente de uno de mis mayores fantasmas… la autoexigencia. Nunca lo había visto así. Siempre he sabido que soy muy exigente conmigo misma, al punto de que ni siquiera tiene sentido. Una vez mi terapeuta me preguntó: «Para usted, ¿quién es perfecto? ¿Contra quién se está comparando?». Y yo me quedé pensando y no tenía una respuesta. Porque no había nadie. Nadie era ese estándar que yo misma me había impuesto.
Y ahora me pregunto si esa exigencia absurda viene del miedo. Del miedo a ser vista como débil. Del miedo a que mi sensibilidad sea interpretada como una falla. Tal vez me esfuerzo tanto, me exijo tanto, solo para demostrarme que soy fuerte, que soy capaz, que no soy frágil. Pero… ¿qué significa todo eso? Porque al final del día, yo no tengo nada de malo.
Y ese pensamiento me explotó la cabeza. Porque empecé a recordar situaciones del pasado en donde mi sensibilidad fue juzgada o herida. Desde la escuela, pasando por el colegio, hasta la universidad. Siempre sintiendo que tenía que demostrar algo. Que tenía que probar que yo era más fuerte, más valiente, más determinada. Y no me dejaba ser. No me dejaba sentir. Me estaba negando a mí misma.
Y decir eso… decir que me he negado a mí misma… me duele. Mucho. Porque aquí estoy, queriendo ser yo, queriendo amarme, queriendo sentirme orgullosa de la persona que soy. Y gran parte de esa persona maravillosa que soy es gracias a mi sensibilidad.
Y me pregunto… ¿Cuántas veces me he negado? ¿Cuántas veces me he invalidado solo por creer que ser sensible es ser menos? Es difícil. Es doloroso. Porque si hay algo que necesito de las personas con quienes me rodeo, es sentirme escuchada, sentirme validada… sentirme segura. Y aquí estoy yo, negándome eso a mí misma.
No validando la gran persona que soy. No reconociendo todo lo que tengo para ofrecer.
Y es tan contradictorio. Porque también sé que quiero cambiar. Que quiero amarme. Que quiero abrazar cada parte de mí, incluida esa sensibilidad intensa que muchas veces he querido esconder. Porque ahora entiendo que no es una debilidad. Es parte de mi esencia. Es mi fuerza. Y también es mi mayor fuente de empatía, de conexión, de amor.
Sé que desaprender lleva tiempo. Que no se cambia de un día para otro lo que se ha aprendido por tantos años. Pero también sé que quiero hacerlo. Quiero luchar por mí. Porque soy increíble. Porque me lo merezco.
Sí, hay fantasmas. Pero eso no significa que yo no pueda con ellos.
Y antes de cerrar, solo quiero agradecer —desde lo más profundo— a esas personas que han llegado a mi vida recientemente. Las que me escuchan con el corazón abierto, las que me validan sin juzgar, las que me hacen sentir que puedo ser yo, sin máscaras. Gracias por estar.
Deja un comentario