Reactivación: el día en que volví a elegirme

Casi ha pasado un año desde la última vez que escribí en este blog… siento que ha sido mucho tiempo, y a la vez tan poco. Me cuesta incluso saber por dónde empezar. Pero creo que lo más honesto es comenzar por la salud.

Actualización sobre mi salud física

– Finalicé radioterapia el 28 de mayo. Con el apoyo de mi familia y mi pareja, toqué la campana y oficialmente entré en etapa de remisión. Durante los primeros 5 años debo realizarme exámenes de seguimiento cada 6 meses para asegurarme de que la enfermedad no regrese, y luego serán anuales durante 5 años más. Hasta ahora he pasado por dos rondas de exámenes, y todo ha salido bien. Es un gran alivio. Aun así, vivir con esa incertidumbre constante —especialmente cuando se acercan las fechas de los controles— me dispara la ansiedad al máximo.

– En julio del año pasado, viví un gran susto relacionado con mis hormonas. Según mi ginecóloga, el tratamiento había provocado síntomas de una menopausia prematura. Recuerdo salir de esa cita en shock. Pensaba: ¿Cómo va esto a impactar el resto de mi vida? Yo sabía que no era un deseo mío tener hijos, pero una cosa es tomar esa decisión por mí misma… y otra, que mi cuerpo la tome por mí. Más adelante, mi oncóloga me explicó que no se trataba de una menopausia definitiva, sino de un desequilibrio hormonal fuerte producto del tratamiento. Y efectivamente, fue algo transitorio. Los “hot flashes” y la ausencia de mi periodo por 5 meses, fueron los síntomas más evidentes —y los más difíciles de aceptar. Esta experiencia me abrió mucho la mente a la realidad del cuerpo humano, especialmente el de la mujer. Aprendí que mi cuerpo también tenía una voz, aunque yo no supiera cómo escucharla en ese momento. Hoy, por suerte, me siento más como yo misma. Mi cuerpo está volviendo a regularse. – Sobre la fibrosis: aún tengo secuelas. Hay movimientos que me cuestan, y perdí mucha flexibilidad en ese lado de la cadera. Además, si paso mucho tiempo sentada, siento dolor al levantarme. No es insoportable, pero sí es un recordatorio constante de que mi cuerpo todavía está en proceso de recuperación.

Sobre la salud mental

Este ha sido otro tipo de batalla.

Justo el día en que regresé al trabajo después de mi incapacidad, me despidieron. Tenía más de seis años de trabajar allí. Recuerdo sentir cómo mi mundo se caía… las lágrimas salían sin control. Entré en una depresión profunda ese mes. Desde entonces sigo en tratamiento psicológico y con medicación. Honestamente, no sé qué habría hecho sin el apoyo de mi psicóloga, de mi pareja y de mi familia. Mi vida cambió por completo en cuestión de semanas. Hubo momentos en los que solo quería que todo terminara.

Era la primera vez en mi vida que me despedían. Aunque me explicaron que fue por motivos ajenos a mí, no podía dejar de sentir que había fallado. Me preguntaba una y otra vez: ¿cómo fue posible que después de todo lo que entregué, me despidieran? ¿Qué hice mal? Había formado mi equipo, había sido gerente, había recibido buen feedback. Y aún así, me sentía descartada. No puedo negar que, a veces, todavía me lo pregunto.

Por más que intento ser fuerte —y aunque ya empecé un nuevo trabajo hace unos meses— sé que todavía no he logrado superar lo vivido el año pasado. A veces me regaño por seguir pensando en el pasado… pero entonces recuerdo las palabras de mi psicóloga: Fue muchísimo lo que pasaste. Fue el año más difícil de tu vida. Tenés que ser paciente y compasiva con vos misma.

Y así es. Por más que quiera acelerar el proceso, no funciona así. Y esto es algo que tengo que recordarme una y otra vez.

En conclusión: sigo luchando. He tenido días increíbles y días en los que no quiero salir de la cama. Todavía me cuesta sincronizar con mi cuerpo. Sigo luchando contra el autosabotaje, especialmente con la comida. He aumentado de peso, tengo una imagen muy dañada de mí misma —física e intelectual— pero…

No me he rendido.

Y por eso estoy acá.

Hoy decidí retomar este blog como una forma de decirme a mí misma que soy suficiente. Que soy valiosa. Que soy fuerte. Y que tengo toda la capacidad para sanar, para tomar el timón y redireccionar el curso de mi vida.

Es un acto de amor propio. Es una forma de abrirme y recordarme que mi historia es valiosa. Que, a pesar de todas las piedras en el camino, aquí estoy: eligiéndome a mí misma.

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