Justamente hoy estoy cumpliendo 6 semanas desde que me operaron para la ampliación de márgenes del Sarcoma Sinovial del que fui diagnosticada el 29 de febrero.  Debo decir que definitivamente no estaba preparada para esa noticia (creo que difícilmente alguien lo esté), no obstante, yo siento que en términos generales me he mantenido dentro del espectro de lo positivo. No voy a mentir, así como mencioné en el post anterior, he tenido unas altas dosis de entretenimiento para adormecer mi mente, pero de igual forma he estado tranquila a lo largo de este proceso. Me pareció muy curioso que justamente la semana pasada, la semana donde ya me indican que no hay rastro del tumor en ninguna otra parte del cuerpo (ósea, la mejor noticia que podía existir en este momento), es la semana donde tengo un colapso/montaña rusa emocional. Supongo que tarde o temprano iba a tener que caer por algo, por más simple o pequeño que fuera.

Para dar un poquito de contexto, explicaré un poquito el proceso por el que he pasado estas últimas 6 semanas. Mi Sarcoma se encontraba ubicado en mi muslo derecho, muy cercano a mi cadera. Por lo que parte de la recuperación implicaba no poder apoyar el pie por un mínimo de 3 semanas. Esto implicó, pues, utilizar andadera, como un medio para lograr movilizarme dentro de la casa o a las citas médicas, aspecto que sonará sencillo, pero sea como sea tiene un peso dentro de la concepción que tiene uno de sí mismo (pasar de ser una persona activa e independiente a ser una persona sedentaria y dependiente).  Por otro lado, en la segunda semana se me empezó a hinchar el sector de la herida y se me puso supercaliente la piel, para lo cual la doctora me recetó un antibiótico con miras de prevenir una infección. Desafortunadamente, resulté alérgica a dicho medicamento y terminé con brotes de alergia, no solo en la herida, sino en el estómago y en la pierna, que no me dejaban dormir a veces y simplemente hizo que todo el proceso de sanación se volviera más lento (dure con esos brotes al menos unas 4 semanas).

En cuanto a los exámenes, la verdad no tuve ninguna otra complicación. Me realizaron un PET-CT, el cual en retrospectiva no mostraba señal de ningún otro tumor, no obstante, señalaba 2 puntos pequeños de captación en ganglios en el cuello y en la ingle. Consecuentemente, tuve que ir a hacerme ultrasonidos para poder descartar que el tumor principal hubiera hecho metástasis. El día de los ultrasonidos, me descartaron el del cuello y al de la ingle, hubo que hacerle una biopsia. Este fue el resultado positivo que recibí justamente la semana anterior. Ya teniendo todo descartado, iba a lograr iniciar el proceso de radioterapia esta semana.  Sin embargo, la herida a estas alturas no se ha querido cerrar del todo, por lo que el miércoles anterior me tuvieron que hacer el drenaje de un seroma y en mi mente de ingenua, estando drenado prácticamente iba a lograr que la herida se cerrara al 100%. Y fue ahí… donde justamente me levanté al día siguiente y vi que la herida seguía botando líquido y me puse llorar… no fue un llanto descontrolado porque me tenía que alistar para ir a que me hicieran otros exámenes, pero simplemente no lo podía contener. Me bañaba y seguía llorando… me alistaba y seguía llorando, hasta que ya tenía que obligarme a parar porque me tenía que ir. Y me preguntaba a mí misma como… ¿Cómo es posible que después de la gran noticia del día anterior, unas gotas que drenan de mi herida fuera lo que me tirara a llorar? Y no es que no he llorado a lo largo de este proceso, pero siempre fue como pequeños momentos, y más que todo por la incertidumbre, pero justamente ahora donde no hay incertidumbre es cuando sentía que ya no podía con todo esto.

Afortunadamente, ese día veía a los oncólogos y me dio tranquilidad saber que podía empezar la radioterapia, en las condiciones en que se encontraba la herida (de verdad que ya no quería atrasarla más). Ya han pasado 6 días desde el drenaje de la herida y aún sigue sin cerrar, definitivamente es algo que me tiene tensa. Siento que ya quiero cerrar este capítulo, para así enfocarme meramente en la radioterapia, pero no se ha logrado aún. Como dice mi mamá, el cuerpo tiene su propio tiempo para sanar, y no necesariamente calza con nuestro tiempo, pero no queda más que tener paciencia.

Y por último, para rematar la semana, a pesar de la buena noticia de no tener más tumor maligno en mi cuerpo, siento que realmente no puedo celebrar. Y me siento sumamente asustada de sentir de que este es solamente el inicio de un proceso de vigilia que durará toda mi vida. Pensaba que el día en que tocara la campana y fuera libre de cáncer, iba a poder dejar esto atrás y seguir con mi vida, pero la realidad es que el cáncer puede regresar, ese o inclusive otro (tengo historial de cáncer en mi familia) y es algo que me asusta en este momento y me hacen sentir muchas ganas de llorar. Pero al final del día tendré que aprender a vivir con eso. Doy muchas gracias a la vida por haber encontrado y detectado ese sarcoma a tiempo y de haber podido tener y seguir teniendo toda la atención médica para tratarlo y si algo me ha quedado de aprendizaje (que son muchos) es que debo de ser proactiva con mi salud. Es fundamental para mí, no solo cumplir con todos los seguimientos y exámenes preventivos, sino en mi día a día cuidar de lo que ingiero, de mi actividad física, de la cualidad del sueño y bajar mis niveles de estrés.

Presiento que este será el nuevo capítulo de mi vida. Cambiar hábitos ha sido una meta mía desde hace mucho tiempo, pero no contaba con la motivación o las razones suficientes para lograrlo, pero siento que ahora tengo más y mejores motivos para mejorar mi calidad de vida en general. Hay muchas metas y experiencias que quiero vivir en el futuro y tengo que hacer todo lo posible por llegar sana ahí. 

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