Esta semana tuve una sesión de terapia con la psicóloga y debo decir que fue sumamente revelador todo lo que conversamos. Yo le decía que me sentía sumamente culpable porque el último mes (desde que me hicieron la cirugía el 4 de marzo), había estado comiendo muy mal; desde mucha comida chatarra hasta demasiados helados y postres. Y es que la realidad es que el cáncer se alimenta de azúcar y, eso, sumado a que mi cuerpo ocupa nutrientes para poder sanar más fácilmente, se me estaba haciendo un mundo querer comer bien. ¿Por qué me encontraba saboteando mi propio proceso de sanación?

Y fue entonces, cuando ella me hizo ver que, de un día para el otro, se me había cortado las principales fuentes de dopamina a mi cerebro. Mi perrita no estaba conmigo y no podía regresar conmigo hasta que yo pudiera volver a caminar y estar más estable, pasé de ser una persona que hacía actividad física casi todos los días, a ser una persona sedentaria (en recuperación de la cirugía), dejé de ser una persona independiente y necesitaba de ayuda para poder hacer gran parte de las labores, dejé de salir y me encontré encerrada en mi casa y paré de trabajar. Adicionalmente, hay que sumar la carga de saber que me habían diagnosticado con cáncer, la incertidumbre de saber el estado del resto de mi cuerpo, un proceso de sanación de la herida un poco enredado con alergias a medicamentos y el impacto de ver la escala de esta en mi cuerpo. Mi cerebro como mecanismo de defensa sucumbió a los métodos de defensa más fáciles y accesibles: comfort foods y entretenimiento con redes sociales y la televisión.

La ironía en todo esto es que llegaba un momento donde me sentía mal o ansiosa y se activaba en mí una necesidad de comer algo no saludable o ver redes sociales, lo hacía, e inmediatamente después me sentía culpable de hacerlo, y termina siendo un ciclo vicioso. Lo que ella comentaba, es que no es que sea malo comer una comida chatarra de vez en cuando o querer ver una serie en televisión o pasar un ratito en las redes sociales; lo que es malo es que esas sean los únicos mecanismos que tiene mi cerebro para tratar de hacerme sentir bien. Lo curioso es que justamente en los días anteriores, justo apenas logré empezar a caminar de nuevo, sentía la necesidad de salir al sol en la mañana y estar descalza sobre el zacate… en otras palabras, mi cerebro estaba buscando ya otras formas, inclusive más primitivas, de hacerme sentirme bien, de recibir esa dopamina de una forma saludable. Me sorprende lo increíble que es nuestro cuerpo.

Y fue entonces que decidimos hacer un plan para dotar a mi cerebro de fuentes saludables de dopamina. Esto tomando en consideración de que estoy aún muy limitada en las cosas que puedo hacer, por ejemplo, aún no puedo hacer ejercicio o manejar o estar en ambientes con muchísimas personas para prevenir de que me haya a resfriar. Por lo tanto, definimos las siguientes acciones:

  1. Tomar un pequeño baño de sol, todos los días apenas me despierto y si es posible sentir el zacate con mis pies.
  2. Tomar al menos los últimos 30 segundos de mi ducha con agua fría.
  3. Escribir, sacar todos los pensamientos de mi mente.
  4. Apenas regrese mi perrita, disfrutar mucho tiempo con ella.
  5. Leer, buscar entretenimiento en otros medios que no sean electrónicos.
  6. Programar visitas en la semana (1-2) y tratar de tener alguna interacción social en persona.
  7. Buscar alternativas saludables de mis platillos favoritos (por ejemplo, pollo frito casero hecho en la freidora de aire).
  8. Y finalmente, hacer mis rutinas de skin care y cuidar de mi pelito y de mi piel, que son pequeñas acciones que me hacen sentirme bien con mi autoestima.

Apenas tengo 5 días de empezar a aplicarlas, y la realidad es que son actividades sencillas y cortas, en su mayoría, que definitivamente me hacen sentirme mucho mejor después de haberlas realizado. Y la idea es que conforme se amplíe el rango de actividades que pueda hacer, poder ir agregando otras actividades a la lista, como, por ejemplo, la actividad física. Tengo super presente que, por las cirugías en mi pierna y el futuro tratamiento de radioterapia, se vuelve fundamental combatir la futura fibrosis que voy a empezar a tener una vez se empiece a materializar los efectos secundarios del mismo.

No puedo negar que hay días de días, todo este proceso ha sido una montaña rusa de emociones, pero definitivamente hay momentos en los que solo que me quiero hacer un puñito y desaparecerme entre los stories y los reels de las redes sociales, … no darle un espacio a mi mente para pensar o para sentir… porque al final del día, ¿Quién tiene ganas de sentirse triste o frustrado o asustado? Pero haber tenido mayor consciencia de lo que sucede en mi cerebro y entender por qué siento lo que siento y porque reacciono como reacciono, si me abrió la mente y me hace sentir que yo tengo el poder de controlarla. Y que al final del día es importante sentir nuestras emociones y validarlas. Y me siento en un mejor lugar para cuidar de mí misma, no solo físicamente sino también emocionalmente.

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