
Me cuesta mucho creer que la última vez que escribí se trataba de mí en una posición con poca paciencia por haber tenido una lesión en la espalda baja. Quien iba a pensar que tan solo un par de semanas después de haber hecho dicha publicación me habrían de diagnosticar con un cáncer en la pierna (Sarcoma Sinovial). Y aquí sigo en reposo después de una primera cirugía a inicios de febrero y una segunda cirugía a inicios de marzo. Definitivamente, la vida sí que tiene una forma muy particular de enseñarle a uno lecciones.
Sinceramente, no sé ni como empezar a describir esté lo que ha pasado en el último mes y medio, pero si sabía que necesitaba sentarme a escribir y sacar ideas de mi cabeza. Así, que si de paso me disculpo si todo lo que logro escribir es un poco de oraciones sin una línea de narrativa clava… está soy yo genuinamente en este proceso… perdida, confundida, frustrada, asustada, pero al final del día positiva de que todo va a estar bien, así que si: soy un caos.
A pesar de que mi primera cirugía fue el 5 de febrero, en ese momento no teníamos la menor idea de que estábamos tratando con un tumor maligno. Me sentía triste por no poder entrenar, pero el proceso de curación fue relativamente sencillo y todo fluyó muy bien. Pero la noticia de que ese bulto que me removieron en ese entonces era un cáncer no llegó a mí hasta el 29 de febrero y desde entonces todo ha sido como una avalancha y una montaña rusa de emociones. Creo que aun 18 días después de enterarme, sigo sin digerir lo que ha pasado por completo.
Primeramente, si quiero decir que estoy muy agradecida, no solo de tener el privilegio de poder recibir tratamiento y atención de calidad, sino también, por contar con una increíble red de apoyo de parte de las personas más importantes en mi vida y de mi trabajo también. La segunda cirugía fue todo un éxito y solo me faltan unos exámenes para poder descartar que no existe otro indicio de tumor en otra parte de mi cuerpo. Pero me siento muy optimista de que estoy al inicio del fin de este gran obstáculo en mi vida. Si todo sale limpio en los exámenes, me esperan 30 sesiones de radioterapia y con eso pondríamos fin a este suceso (posteriormente debo seguir en control por algún tiempo, pero al menos me consideraría libre de cáncer).
Pero a pesar de que aún existen algunas incertidumbres, una cosa si es cierta: no voy a poder hacer el PCT en el 2025. Lastimosamente, desde una perspectiva física y económica, a causa de este suceso, se me hace imposible poder cumplir esta meta (al menos para dicha fecha). Y no puedo mentir, siento muchísimas emociones y tengo un gran nudo en mi garganta. Hablando con la oncóloga, debido a los efectos secundarios de la radioterapia, voy a tener que empezar de cero con mi actividad física y eso sin considerar que he pasado en reposo las últimas 6 semanas. Y no puedo negar que esto me hace sentirme tan decepcionada y frustrada… y si yo sé que algunos por ahí podrían pensar como: “hey, pero acabas de vencer el cáncer… sea agradecida… vea el lado positivo… el PCT no se va a ir para otro lado…” entre otras cosas, y si claro que tienen que razón. Pero no quita el hecho de que me siento mal, tenía muchísimo tiempo de que no sentía una motivación como la que sentía entrenando para el PCT y ver como esa meta se debe de cancelar no deja de ser doloroso.
En este punto, siendo muy honesta, no sé qué vaya a suceder con esa meta, no sé si la voy a postergar para el 2026 o 2027, o si del todo la voy a cancelar o modificar de alguna forma. Lo que sí sé es que estoy pasando por un momento en mi vida donde inevitablemente se ve uno en una posición de reevaluar sus prioridades y forma de ver la vida. Me he cuestionado cosas como: ¿Quiero hacer el PCT por qué realmente quiero o es puro ego? ¿Lo quiero hacer por qué es importante demostrarme a mí misma que yo puedo o será más bien para demostrarle a los demás que yo puedo? Y así sucesivamente… no tengo una respuesta aún. Inclusive, no sé si estoy viendo esta experiencia del cáncer como una salida fácil para dejar abandonada esa meta. Tantas cosas pasan por mi mente y si… como mencioné anteriormente, me siento perdida… más perdida que nunca.
En este momento lo que puedo decir es que estoy viviendo un día a la vez, y si algo he aprendido en estas semanas es que debo tener paciencia. Estar virando la herida constantemente no va a hacer que se sane más rápido… Debo tener compasión de mí misma y saber que no puedo resolver todo lo que me está pasando en este momento, y que, además, no tengo control de todo lo que pasa, y que tampoco puedo esperar que mis emociones se comporten de cierta manera frente a una situación a la que nunca me había enfrentado.
Estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo y eso está bien.
Deja un comentario