
Cuando el año inició, lo último que pensé es que la primera publicación de este año iba a ser sobre paciencia. Hace tan solo 48 horas había concluido un hermoso hike de 11 km en las montañas de Heredia, y hoy (21.01.2024) me encuentro con una lesión en la espalda baja que me limita a no poder realizar ejercicios de fuerza. Yo estoy consciente de que ya he pasado por peores lesiones, pero no puedo evitar sentirme desilusionada. Ayer y hoy he dejado que este dolor me apague el ánimo y la motivación, y la verdad es que no me gusta cómo eso se siente.
Poniéndome a reflexionar en este suceso, me doy cuenta de dos cosas: (1) siempre en los momentos de mayor motivación, cuando realizo actividad física suelen ser los momentos donde me lesiono —y me pasa muy a menudo; y (2) siento que me enfrento a una pequeña probada del reto mental que puede significar el PCT. Y me gustaría profundizar en estos dos temas en esta ocasión.
Recapitulando, a lo largo de la vida, pienso que soy una persona que se lesiona constantemente. Y como podrían imaginarse, lesionarme en el PCT es mi mayor miedo, justamente por todo el historial de lesiones que he tenido a lo largo de los años. Y a pesar de que en esta ocasión estoy incorporando gran diversidad de movimientos y ejercicios para ayudarme a prevenir lesiones (yoga, estiramientos y movilidad), me doy cuenta de que sigue existiendo un patrón. ¡Tengo la necesidad de que desee lograr todo ya! Y entonces llego yo y me propongo esta extensa lista de ejercicios a cumplir semanalmente, no solo presionándome mentalmente a que tengo que cumplirlo porque, sino que soy un fracaso, sino exponiendo mi cuerpo a lesiones y desgaste. ¡Pero es que… cómo cuesta! Yo quisiera en este momento estar caminando 10 km al día cargando una mochila con peso en mi espalda y preparándome para una caminata de 20 km el fin de semana, pero lastimosamente las cosas no funcionan así… O al menos no en mi caso. Y llegar a esta conclusión es sumamente duro para mí, me da justo en el ego…
Es tan complicado a veces dejar de lado esa presión, por todos lados somos bombardeados con frases o imágenes que nos hacen sentir que tenemos que exigirnos al máximo, porque si no de lo contrario no tenemos valor, o coraje, o no somos suficientes, o no vamos a lograr nuestros objetivos – el clásico “go hard or go home” -… si no le damos fuerte, mejor ni intentarlo, y así sucesivamente. Cuesta mucho parar, hacer una pausa y realmente ponerse a pensar en lo que mi cuerpo realmente es capaz o escucharlo cuando está cansado, y tener esa madurez para darle al cuerpo lo que necesite.
De mi parte, claro que pienso todas esas cosas, pero creo que la que más me cuesta interiorizar es que, si hago una pausa, siento que ya no soy disciplinada. Tengo este concepto de que para ser disciplinada tengo que levantarme y cumplir con las metas del día sin importar cómo me sienta. Y reflexionando en este instante sobre eso, me doy cuenta de lo errónea que estoy. No puedo negar que los días en que cumplo todas las metas, siento mucha satisfacción y orgullo. Pero a la vez, no me había dado cuenta de que me estaba haciendo daño a mí misma. Y me pregunto… Si mañana amanezco, con mucha fatiga física y mental, y decido darme el día libre de entrenamiento, ¿me hace eso menos valioso? ¿Me convierto en vagabunda o indisciplinada? … La realidad es que no. Y así como he empezado a poner límites entre mi tiempo laboral con el personal, debo poner límites a mis propias metas, con tal de preservar mi salud física y mental. Si me encuentro descansada y sin dolor, voy a poder desempeñarme mejor, comparado a los días que con costos puedo caminar. Siento que en este punto también es importante hacer una acotación, una cosa es hacer una pausa porque el cuerpo/mente lo necesita y otra es poner excusas para no hacer las actividades que nos van a llevar a cumplir nuestras metas; he ahí el valor de la disciplinada y la constancia para lograr superar esa barrera.
Consecuentemente, necesito ser más realista con el estado actual de mi cuerpo; aceptar que soy principiante y que tengo que empezar desde cero en muchos aspectos de mi preparación física, dentro de los cuales es fortalecer mi cuerpo en general. No puedo llegar a caminar grandes distancias, si mis tobillos o mis rodillas no están acondicionados para eso; no puedo cargar una mochila pesada porque mi espalda y mis hombros tampoco están preparados para eso. Y es aquí donde debo pausar y reevaluar mi plan de ejercicios. Una parte mía se siente frustrada porque quiero tener todo bajo control, tener ese plan perfecto, pero a la vez estoy consciente de que eso es imposible. Todos somos diferentes, avanzamos distinto y no significa que, por tener que empezar de cero, no vaya a lograr la meta. Así que he ahí la importancia de la paciencia. Hacer un poquito en la dirección correcta es mejor que hacer mucho en la dirección incorrecta o no hacer nada del todo. Solo un paso a la vez es que voy a lograr caminar 2650 millas, es algo que necesito recordarme todos los días. Siento que es muy fácil decirlo… pero de ahí a hacerlo, estoy consciente de que voy a tener que recordármelo muchísimas veces, pero no es imposible.
Por otro lado, y de la mano con este tema, considero esta lesión como una pequeña prueba de lo que puede significar el reto mental al que me enfrentaré en el PCT. Esto podrá sonar algo exagerado, pero siento que es muy cierto. Estos retos se pueden abarcar desde no lograr obtener el permiso en la fecha adecuada o no conseguirlo del todo, hasta aceptar que no voy a poder ir al mismo ritmo de caminar que otras personas y debo enfocarme en ir a la velocidad que yo sienta correcta; o tener que parar a descansar cuando me sienta cansada o tenga algún dolor y necesité mejorar… cosas que no estaban en mi plan, pero que perfectamente pueden pasar.
Es interesante que, a pesar de que la sesión de terapia que tuve esta semana era sobre otro tema distinto, se puede resumir en que no puedo tener control de todo. Es algo tan difícil para mí de siquiera considerar, puedo planificar hasta cierto punto, pero tengo que estar consciente de que no puedo controlar que todas las variables que existen salgan de la forma que yo deseo. Tener esta lesión no estaba en mi cronograma de ejercicios de la semana, pero sucedió… Y tengo que aprender a tener esa consciencia de que puede haber imprevistos, de que las cosas pueden cambiar, y que, de alguna forma u otra, todo va a estar bien. Parte de las habilidades que considero importantes para el PCT es el poder adaptarse a las circunstancias que se presentan, ser flexibles… Y lo que muchas veces puede ser un problema o un inconveniente, esto se puede convertir en una oportunidad. Todo depende de los ojos con los que se mire.

Este pequeño, pero poderoso cambio en la forma de pensar y de ver la vida puede hacer la diferencia entre terminar el PCT o renunciar a medio camino. Y que quede claro, no significa que no va a haber obstáculos o momentos sumamente difíciles. Siento que es importante sentir emociones de enojo, decepción o frustración; pero no hay que quedarse ahí… Que esas emociones sirvan de chispa para encender más nuestra motivación, fomentar nuestra creatividad, y proactivamente buscar soluciones.
Yo sé que no es fácil para mí cuando tengo que modificar mi plan de entrenamiento porque tengo una lesión o tengo que pausar del todo porque sucedió algo fuera de mi control. Pero lo importante es no rendirse o dejarse caer, hay que regresar, retomar y seguir adelante. Hay una frase de una canción que tengo muy pegada hace ya algunos meses, resuena completamente conmigo y en cómo me siento en este momento y dice algo así: “Te voy a decir algo y puede que no cambie mucho lo que pienses, pero el sol siempre sale a pesar de la lluvia”. Siento que, así como esta lesión que me pasó en este momento, van a seguir pasando más cosas, otros imprevistos tanto antes como durante del PCT, pero por más oscuro que se vea el panorama, siempre se puede seguir adelante.
– Siempre es un buen día para volver a empezar-
Deja un comentario